sábado, 26 de enero de 2013

Consciencia

La consciencia de la propia belleza, sea cual sea esta (porque, para la vana tranquilidad de todos, no existe tal cosa como un canon de belleza, un belleza única), es un vicio humano, y quizás uno de los peores. Quizás sea una vanidad espontánea, acondicionamiento o simplemente un mecanismo de protección.
Pero, ¿por que condenarla? ¿no es acaso el autoestima la única herramienta realmente útil que tenemos en esta vida para protegernos?
Sin embargo me pregunto, ¿que sentido hay, que recompensa existe en dar lo mejor de sí para los otros, ser avatares de esa belleza que intentamos proyectar, si es que a priori ya nos regocijamos en nuestro propio valor? ¿No es acaso el reconocimiento honesto y espontáneo de los otros la única recompensa válida?
Un gesto simple, un apretón de manos, un abrazo, una mirada, una palabra.
Quizás solo sea el hecho de que hay algunos que no somos nada sin otros. Que esos otros definen lo que somos. Quizás ese es el vacío que queda cuando uno de esos otros te niega ser más que un recuerdo, una historia contada tiempo atrás. No es sino una parte de nosotros que falta, una pieza de nuestra identidad que  anda suelta.
Al final existen esos, esos conscientes de su propia valía, esos capaces de pararse por si solos, esos que no necesitan de nadie más, esos que se complementan bien con uno de nosotros para enaltecer aun más su valor.
La pregunta es, ¿son ellos los que están en un error, o somos los otros?

jueves, 3 de enero de 2013

The unremarkable

We seem to forget the unremarkable. "If it is unremarkable", we mutter, "why should we remember it?".
But what happens when the unremarkable is all you have?, what happens when you start having epiphanies around tv shows, and bursts of determination on daily activities? When you start planning journeys sitting on a chair, or your future on songs?

Either there's too many things to do, and life stopped right in front of you, or everything just got a little less out of the ordinary.

martes, 27 de noviembre de 2012

Y ahora, ¿que hacemos?

Se nos terminó la ciudad. Se nos acabaron las calles, los las autopistas. Se nos apagaron los semáforos y las anaranjadas luces de sodio. Colapsaron las distancias, las cercanías partieron al infinito, y nos trajeron las lejanías frente a nosotros.
Pero, ¿que hacemos ahora?. ¿Que podemos hacer, sin tren, sin asfalto?. ¿Que paso con todo en lo que nos sosteníamos?, todo el amor, la risa, el trabajo, la vocación. Todas esas cosas que decidimos asociar a la ciudad, que ahora ya no están.
¡Mirennos! Estamos aquí, mirándonos los unos a los otros, y mirándonos sin ver, sin siquiera mirar, y en el fondo este horizonte vacío, sin rascacielos, sin edificios históricos, sin pórticos, sin escaleras, sin puertas ni ventanas, sin camas ni cómodas, ni espejos ni retratos.
Todos, mirándonos de frente quien sabe hasta cuando, y todos tan solos que no somos capaces de vernos.
¿Que hacemos ahora que se nos terminó la ciudad?, ahora que no tenemos donde ir, y no sabemos muy bien que es lo que se supone debemos hacer. Y nos movemos torpes, a tropiezos, y somos todos y ninguno.
Estamos aquí, en el vacío, en un universo que no es. En este espacio yermo, estúpidamente insulso. Este espacio repentinamente sin positivo ni negativo, sin horario ni anti-horario. Este espacio drenado de todo, casi intangible. Este universo que no es, y que nadie sabe si será.
Solíamos creer que sería. Pero se nos acabó la ciudad. Y nos miramos sin vernos, y aunque creímos que sería mejor así, sin distancias, sin lejanías ni cercanías, seguimos tropezando.
Y tu que partes al infinito y dejas el resto frente a mi. Y yo que no se donde ir.
¿Que hago yo, ahora que la ciudad se me terminó?